domingo, 12 de febrero de 2012

EN HONOR A LA MADRE TIERRA

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Como su cuerpo es nuestro cuerpo,

desde esos huesos de roca a la sangre del mar

no puede existir una auténtica separación

entre las personas y la tierra.

Nos vemos a nosotros mismos en todo el mundo.

Como su cuerpo es nuestro cuerpo

desde el aliento del viento al beso de la lluvia,

hablamos con sus palabras y con su voz.

Ella es, primero, nuestra inspiración

y también nuestra segunda naturaleza,

nuestra última esperanza.

Como su cuerpo es nuestro cuerpo,

desde las semillas del cereal

al vientre de un campo cultivado,

nuestras alegrías y penas nos son devueltas,

nos ponemos a su servicio,

sólo recogeremos lo que hayamos sembrado,

ya que su cuerpo es nuestro cuerpo.

Elizabeth Barrette